Entrevista a Lidia M. Pinzolas

Hoy mi práctica se apoya más en una investigación sostenida, donde el proceso tiene tanto peso como el resultado final. Al final siento que mi pintura trata del proceso artístico en su forma más pura.

Lidia Martín Pinzolas (Alicante, 1997). La obra de Lidia parte de una profunda reflexión sobre el paisaje como construcción cultural, simbólica y emocional. Inspirada por la visión del universo que Platón expone en el Timeo —donde el mundo visible es una copia imperfecta del mundo ideal—, su trabajo transita entre lo sensible y lo conceptual, elaborando una pintura que encarna la búsqueda de belleza como totalidad.

Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, ha complementado su formación con dos másteres orientados a la gestión y pedagogía del patrimonio cultural, aportando una perspectiva teórica sólida a su práctica artística.

Su trabajo ha sido expuesto en espacios como Fundación Caja Rioja, La Gota de Leche (Logroño), Artilugio Estudio (Salamanca), Galería Adora Calvo (Madrid) o en Galería Beatriz Pereira (Plasencia) con su exposición individual más reciente Un caos multicolor. O un bosque, comisariada por Yadira de Armas y Ana G. Ballate; también ha sido reconocido con premios como el Premio Joven del Parlamento de La Rioja (2021) y el XXV Certamen de Jóvenes Pintores La Gaceta (2024).

Conversación entre las comisarias Yadira de Armas y Ana G. Ballate y la artista, Lidia M. Pinzolas:

Dice mucho de la artista y de su camino la manera en la que comprendió que se iniciaba en él. ¿Cómo se gestó tu interés por la pintura? ¿Hubo un momento clave o una experiencia que cambió tu manera de ver el mundo y de elegir tu camino artístico? Y, ¿cómo reconociste que la pintura era tu mejor forma de expresión?

Precisamente hoy, que ha fallecido el diseñador Valentino, esta pregunta cobra mucho sentido, ya que fue viendo su trabajo como diseñador, con sus dibujos de figurines, como con 13 años quise acercarme al mundo de las artes. Es verdad que al principio quise realizar algo de diseño de moda, pero una vez que comencé la carrera de BBAA, nunca más he podido despegarme de la pintura.

Realmente la pintura la descubrí de manera natural, queriendo mejorar en el verano entre 1.º y 2.º de carrera. Fue ahí cuando empecé a pintar al aire libre, bodegones sobre todo, paisajes más adelante, y poco a poco me fue interesando cada vez más este medio. Me daba la sensación de que podía hacer cosas interesantes, aprender de lo que veía, mejorar técnicamente, etc. Desde ese momento no he echado de menos centrarme en otras disciplinas, aunque en el camino he ido realizando dibujos con diferentes materiales, serigrafías o grabados.

Lidia, tu trayectoria comenzó en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca y ha incluido diversos premios, así como exposiciones individuales y colectivas. ¿Cómo definirías hoy esa transición desde tus primeros ejercicios hasta tu práctica actual?

Comencé en la Facultad de Bellas Artes desde un enfoque técnico y más académico, más centrado en aprender y afianzar ciertos conocimientos, aunque también pasé por fases más exploratorias en las cuales experimenté con materiales, temas y elementos del lenguaje visual. De esa manera pude  entender los materiales, los procesos y mis propias inquietudes. Con el tiempo, y gracias a la práctica continuada, el contacto con compañeros de carrera y el estudio de artistas mi trabajo fue depurándose y ganando coherencia. Hoy mi práctica se apoya más en una investigación sostenida, donde el proceso tiene tanto peso como el resultado final. Al final siento que mi pintura trata del proceso artístico en su forma más pura.

El paisaje ha sido eje de tu obra. ¿Podrías contarnos por qué? Y, ¿qué sientes cuando hablas desde el paisaje?

Esta pregunta es algo que me he parado a pensar muchas veces… En un principio, el paisaje surgió a través de pintar del natural, como una práctica meramente técnica. Sin embargo, en esos momentos pintando la naturaleza encontré el lugar en el que quería estar, me sentía bien, me emocionaba, así fui descubriendo la belleza que esconde la naturaleza y la metáfora de la vida que de ella se revela. También, me gustaría añadir que el gusto por el género del paisaje tiene algo que ver con las obras que hay colgadas en casa de mis padres, e igualmente por el tiempo que paso cada verano en el campo y en la playa.

Contestando a la segunda pregunta, cuando hablo desde el paisaje me siento bien, siento que conecto con algo más profundo que está en cada uno de nosotros y eso es lo que impulsa mi obra.

Muchas veces nos centramos, al ver una obra de arte, en lo que quiere contarnos la artista, pero ¿qué esperas que te cuente a ti el paisaje?

Espero que el paisaje me cuente lo que no siempre sé escuchar: el paso del tiempo, la calma o la fuerza de la naturaleza y la relación que existe entre el ser humano y su entorno. Más que un mensaje concreto, espero que me transmita sensaciones y emociones, que me invite a detenerme, observar y conectar conmigo misma.

Aunque tu obra refleja tu propia mirada, se intuyen en ella referentes clásicos y contemporáneos de la pintura y el paisaje. ¿Qué referencias dentro del mundo de la pintura te han resultado más inspiradoras o desafiantes en tu trabajo? ¿Cómo dialogan la tradición, la reflexión filosófica y esos referentes con tus búsquedas pictóricas actuales?

Si tuviera que hablar de referentes inspiradores, no podría no hablar de los clásicos como Sorolla, Anglada Camarasa o Joaquim Mir, ya que fueron ellos con los que me inicié en el género del paisaje. Por otro lado, hay más referentes que me han ayudado a hacer de mi obra algo contemporáneo, pero que me costó integrar en mi trabajo al principio, como en el caso de las mujeres expresionistas americanas, Helen Frankenthaler, Lee Krasner y, por otra vertiente y de manera más reciente, Hilma af Klint.

También he bebido mucho de los artistas del pop americano, muy presentes en mi día a día, y pintores que pertenecen al pop desde otra perspectiva, como David Hockney.

¿Existen rutinas, gestos o rituales imprescindibles que te acompañan en tus espacios de creación?

Realmente no más allá de tener los materiales con los que me siento bien trabajando y la ropa de pintar. Aunque sí que es verdad que por temporadas tiendo a utilizar un tipo de pincel más que otro, cosa que influye en el acabado de los cuadros.

En tu trabajo, el color y la superficie parecen actuar casi como un lenguaje propio. ¿Qué tipo de experiencia buscas activar en quien observa a través de tu lenguaje?

Busco activar una experiencia principalmente sensorial y emocional. El color y la superficie funcionan como un lenguaje que no pretende explicar, sino sugerir. Me interesa que quien observa no solo mire, sino que sienta el ritmo, la materia y las tensiones del color, y que desde ahí pueda construir una experiencia personal, íntima, sin necesidad de una lectura única o cerrada.

Estás exponiendo en la Galería Beatriz Pereira, un espacio con una mirada curatorial comprometida con el arte contemporáneo desde una perspectiva de género y diálogo con narrativas actuales. ¿Cómo te vinculas tú con esta aproximación curatorial? ¿Qué preguntas o reflexiones te gustaría que emergieran del público al interactuar con la muestra?

Me vinculo con esta aproximación curatorial desde una práctica que entiende el arte como un espacio de diálogo y de posicionamiento en el presente. La perspectiva de género y la atención a las narrativas actuales no las vivo como un marco externo, sino como algo que atraviesa mi manera de mirar, de trabajar con el paisaje, la materia y el color.

Ojalá la muestra invite al público a preguntarse desde dónde miramos, cómo nos relacionamos hoy con la idea de belleza, pausa, la vida y la muerte. Más que ofrecer respuestas cerradas, me gustaría que la exposición activara preguntas abiertas, intuiciones y lecturas personales que dialoguen con las inquietudes del presente de cada uno.

Mirando hacia adelante, ¿qué desafíos o caminos te gustaría explorar en los próximos años, tanto en términos de investigación como de formatos o colaboraciones?

Mirando hacia adelante, me interesa seguir profundizando en la investigación de mi práctica, entendida como un proceso abierto y en constante evolución. Uno de los principales desafíos es continuar afinando la calidad y el rigor de mi trabajo sin quedarme anclada en un estilo concreto, permitiéndome explorar nuevos lenguajes y metodologías.

En cuanto a formatos, me gustaría experimentar con distintos soportes y modos de presentación, ampliando las posibilidades de la obra más allá de lo habitual. También me interesa abrir mi práctica a colaboraciones con otros artistas y agentes culturales, ya que considero el intercambio y el diálogo como herramientas fundamentales para el crecimiento. Todo esto con la intención de generar más oportunidades de exposición y de seguir desarrollando una trayectoria sólida dentro de espacios y galerías que acompañen ese proceso de crecimiento.

En el contexto artístico actual, ¿cómo piensas el lugar de la pintura hoy?

Pienso la pintura hoy como un medio plenamente vigente, no tanto desde una idea de tradición o disciplina cerrada, sino como un campo expandido y flexible, capaz de dialogar con otros lenguajes y contextos contemporáneos. Me interesa entenderla como un espacio de investigación en sí mismo, donde conviven la materialidad, el tiempo, el gesto y la imagen, y donde cada decisión implica una toma de posición.

En el contexto actual, la pintura no necesita justificarse frente a otros medios, sino repensarse desde sus propias posibilidades y límites. Para mí, su lugar está en esa capacidad de adaptación, de cuestionamiento constante y de apertura a nuevas formas de circulación y de lectura, manteniéndose como una práctica viva y en transformación.

Y, volviendo un poco al inicio de todo, ¿qué inspira (o sigue inspirando) a Lidia M. Pinzolas?

Me inspira mi día a día, mi vida en general, mi visión positiva de las cosas, las personas creadoras que me rodean, los libros, las películas, los paisajes que contemplo y, sobre todo, las ganas de seguir pintando, porque pase lo que pase, es algo que nunca dejaré de hacer.

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